jueves, 12 de febrero de 2009

Posters

Un recorrido por los posters que la gente de la Comunidad Española de Indiana Jones ha hecho:





Epílogo

EPÍLOGO
(Reaparece en escena el Coronel Matthews, que estrecha la mano de Jones.)
CORONEL MATTHEWS
-Tal parece que esta vez no ha encontrado nada. ¿Eh, Dr. Jones?
INDY
-(Sonriendo) Ustedes no pueden decir lo mismo, ¿verdad?
CORONEL MATTHEWS
-¡Ja! ¡Claro que no! Éstos han cantado en seguida. Hay un campamento a pocos kilómetros. Auque no haya encontrado nada, Jones, puede consolarse con algo: si estos fascistas no los hubieran secuestrado, jamás hubiéramos podido realizar este avance. Es usted un héroe.
(Se va.)
HANNAH SMITH
-¿Por qué hiciste eso?
INDY
-Verás, a veces es mejor… Dejar lo desconocido en paz. Es una buena lección que he aprendido.
HANNAH SMITH
-(Abrazándose a Indiana y acariciando su mano) “La gloria de Amón sólo le espera a los que son fieles”
INDY
-Exactamente.
SALLAH
-(Con una sonrisa) Además, tampoco es que ustedes no han encontrado nada, ¿no?
INDY
-(Poniéndose frente a Hannah) Exactamente.
(Se abrazan y se besan a la luz del atardecer. Sallah los mira por un segundo y se va a hablar con Matthews, mientras los soldados ingleses van lentamente desmantelando el campamento.)

FIN

Andrés Brandariz, 12 de febrero de 2009

Capítulos hasta el 18

CAPÍTULO 16
-Un pequeño grupo de soldados prepara, temprano en la mañana, un camión para prisioneros. Se encuentran Carlo Gianni, Hannah, Indy y Sallah contemplando la escena. Estos dos últimos están esposados.)
CARLO GIANNI
-Señor Jones, me he hartado de su presencia y de la de su amigo. La única apersona que necesito aquí es a la Dra. Smith, que entre otras cosas, podrá explicarme qué es… esto (les muestra la barra de metal) Parece que omitimos partes, ¿eh? Una de las cosas que más odio, es la falta de confianza. Y cuando odio algo, lo hago desaparecer. Pero no lo hago de una manera convencional.
Usted verá, señor Jones, perfectamente la noche anterior podría haberle disparado, y créame, me hubiera sentido muy agradado de hacerlo. Pero después pensé que un tiempo en la prisión del cuartel le serviría mejor como escarmiento. Verá usted, señor Jones. Al estar lejos de Italia, solemos tomarnos ciertas… libertades, con nuestros prisioneros indeseados.
Igualmente, no creo que a Il Duce eso le resulte demasiado importante. Así que les deseo a usted y a su amigo una muy buena estadía. Nuestras tropas del cuartel han sido avisadas de su llegada y están ansiosas de darles la bienvenida “a la italiana”
INDY
-Mmm, no creo que haya ninguna como la austríaca, señor. Nos vemos en un rato.
(El camión parte. Carlo Gianni se ríe estruendosamente)
CARLO GIANNI
-¡”Nos vemos en un rato”! ¡Qué sentido del humor! ¡Me disgustan los americanos, pero no puedo negar que el señor Jones tiene estilo!
(El camión avanza, sacudiéndose. Indy rápidamente trata de sacarse las esposas, pero son muy sólidas. El conductor está constantemente mirando por el espejo retrovisor, y el acompañante los apunta permanentemente con un arma.
(En el campamento, la excavación continúa. Carlo está interrogando a la Dra. Smith)
CARLO GIANNI
-(Mostrándoles la barra de hierro) ¿Qué es esto?
HANNAH SMITH
-Un artefacto que encontramos en Abu Simbel. Supuestamente, sería una especia de llave que puede abrir la pirámide.
CARLO GIANNI
-¿Dé que forma?
HANAH SMITH
-No lo sé.
CARLO GIANNI
-Ya me engañó una vez. ¿Por qué no lo haría otra vez?
HANNAH SMITH
-Deberá confiar en mí si quiere trabajar conmigo.
CARLO GIANNI
-Lo haré. ¿Qué dice la inscripción? Quizás sea una pista.
HANNAH SMITH
-(Tomando al objeto entre sus manos y mirándolo con atención) Dice “la gloria de Amón sólo le espera a los que son fieles”
CARLO GIANNI
-(Con desprecio) ¡Bah! Eso no sirve para nada…
(De pronto, a unos metros de ellos explota una carpa. Hannah y Gianni miran al cielo.
Es Raymond Andrews, en un avión militar, que sobrevuela el perímetro disparando.)
HANNAH SMITH
-¡Raymond! ¡No lo hagas!
CARLO GIANNI
-¿Otro amigo suyo? Ya aprendí a tratar con sus amigos (la aferra y le apunta nuevamente con una pistola).
¡Baje, imbécil! ¡O la mato!
(La amenaza no parece surtir el mismo efecto en Raymond, que cada vez vuela más cerca, disparando y haciendo explotar las carpas)
RAYMOND ANDREWS
-¡Dame los papiros y el artefacto! ¡Ya!
CARLO GIANNI
-¡La mataré! ¡Se lo advierto!

RAYMOND ANDREWS

-¡Mátela! ¡No me importa!
(El camión que lleva a Indy y a Sallah al cuartel se va acercando a éste. Ya se puede ver la formación de soldados esperando a los prisioneros. Afuera del cuartel, el batallón sonríe.
El camón cada vez se sacude más. De pronto, una frenada violenta: Indiana y Sallah se golpean contra los asientos de adelante. Sallah se recompone, pero indy no parece reaccionar.
SALLAH
-¡Ayuda! ¡Mi amigo está inconsciente!
(El camión frena y unos de los soldados se baja para ver qué ocurre. En el cuartel, los soldados aflojan sus sonrisas un poco.
Dentro del camión, el soldado se acerca a Indy con expresión preocupada, pasando por encima de Sallah. Entonces es cuando Indy abre los ojos y golpea en la cara al soldado, mientras Sallah hace lo propio en el estómago del militar. Éste se tambalea y cae del camión.
La formación del cuartel observa asombrada cómo del camión detenido cae un soldado y luego oro, el conductor, y luego de un rato el camión da media vuelta y toma la dirección contraria a toda velocidad. Los soldados comienzan a gritar y a prepararse para perseguir a los prisioneros que huyen.
En la excavación, Raymond Andrews aterriza el avión y, desde la cabina y empuñando la ametralladora, habla con Carlo)
CARLO GIANNI
-¿Qué quieres?
RAYMOND ANDREWS
-Quiero el mapa. Y ese artefacto. El crédito será mío.
CARLO GIANNI
-¡Al fin nos entendemos! Yo no quiero el crédito del hallazgo, amigo. Sólo quiero el oro. Verás, la paga no es muy generosa… y Son tiempos difíciles. Sólo quiero un poco más de ganancia sin que nadie lo sepa. Y como buscar esta pirámide no estaba en los planes del Eje… no van a extrañarla, ¿verdad?
(Andrews sonríe y baja del avión. Va a estrecharle la mano a Gianni, mientras Hannah lo mira con odio. Andrews estrecha la mano de Gianni, y repentinamente, unos soldados apresan a Andrews)
CARLO GIANNI
-Eres un poco idiota, ¿verdad?
(Se va, riéndose. Andrews mira a Hannah con asombro por lo tonto que ha sido. Hannah no le dirige palabra.)

CAPÍTULO 17
(El camión donde van Sallah e Indy cruza a toda velocidad el desierto en medio de una nube de arena. Indy conduce, con los dientes apretados, mientras Sallah mira hacia atrás. Van subiendo al velocidad, Indy mira constantemente el velocímetro. Todo parece ir bien. Pero Sallah le llama la atención)
SALLAH
-¡Indy! ¡El combustible!
(El nivel de combustible está bajando rapidísimo. El camión comienza a sacudirse hasta que finalmente se detiene. Indiana abre la puerta de una patada y se bajan del camión.
Comienzan a caminar hacia la excavación, y cuando están a apenas unos metros del camión éste explota en mil pedazos. Miran en la dirección del disparo y ven que desde el cuartel les han disparado un cañonazo, y que hay varios camiones y dos tanques que se acercan a ellos a toda velocidad.
Mientras tanto, en la excavación, Hannah aprovecha que Gianni está muy ocupado dando órdenes a sus soldados como para ocuparse de ella, así que tomando el artefacto decide escapar.
Indy y Sallah comienzan a huir ocultándose entre las dunas, mientras se producen explosiones muy cerca de ellos, levantando enormes cantidades de arena. Indy se sostiene el sombrero, y Sallah pierde el suyo.
Sin parar de correr, se cruzan con Hannah, la toman de la mano y continúan corriendo en sentido contrario al de ella, mientras Hannah protesta, aunque no se escucha nada por las explosiones.
Finalmente, terminan de nuevo en el campamento. Gianni los captura. Sin embargo, llegan los otros soldados. Gianni abraza al que parece ser su jefe, y se lo lleva para hablar con él. Los soldados que llegaron se unen a los que ya están.
Gianni habla con el jefe de los recién llegados, y le explica sus planes.)
CARLO GIANNI
-¿Lo entiendes? Este tesoro nos haría desertar del ejército, podríamos vivir nuestra vida entera en algún otro lado, sin preocuparnos por nada…
JEFE FASCISTA
-(Saca disimuladamente de su bolsillo una navaja) Sí, claro que lo entiendo.
(En un movimiento rápido, el jefe fascista intenta clavarle la navaja en la espalda Carlo Gianni, pero éste le detiene el brazo y le clava otra en el estómago. Con una sonrisa, lo deja caer y entierra el cuerpo en la arena. Luego, habla a sus soldados, y éstos emboscan a los que acaban de llegar.)
CARLO GIANNI
-(En italiano) ¡De ahora en más, todos ustedes obedecerán nuestras órdenes!
(Con los nuevos trabajadores, e trabajo avanza a pasos agigantados. Además, han puesto a Indy, a Sallah y a Raymond a trabajar también.
Carlo Gianni está en su carpa, mirando el mapa y el objeto de oro cuando se escuchan gritos de alegría y expresiones en italiano. El militar rápidamente corre hacia el lugar, empuja a algunos de sus soldados y llega hacia el motivo de los gritos: una barra dorada, parecida a la que él tiene entra las manos. Observa los jeroglíficos tallados en el artefacto de Abu Simbel, que están en relieve, y los del descubrimiento, que son los mismos, peo como hendiduras en el metal dorado. Toma con ambas manos el objeto y lo encastra en el que sale de la arena, de manera que los jeroglíficos en relieve y los que están en forma de hendidura coinciden perfectamente. Indy está sudando pero esboza una sonrisa de felicidad. Hannah no lo puede creer, y Gianni se ríe.
Entonces, algo comienza a emerger de la arena. Comienza una avalancha de arena, mientras de entre los grumos amarillos van surgiendo escalones dorados. Indy y Sallah se sostienen de ellos, e Indiana toma de la mano a Hannah. Carlo Gianni cae con un golpe seco en la arena, y varios de sus soldados quedan sepultados por la arena.
El militar se levanta y, como siempre, comienza a dar órdenes a sus soldados. Finalmente, se da vuelta y contempla su sueño: una inmensa pirámide de oro, tan alta que tapa la luz del sol, cuyo vértice tiene una punta que es la barra dorada encastrada.
Indiana aprovecha que varios soldados han quedado también agarrados de los escalones, rápidamente los golpea y les saca sus armas. Luego, los patean pirámide abajo. Ellos comienzan a subir de nuevo, junto con refuerzos. Gianni, Raymond Andrews y un selecto grupo de nos veinte soldados comienza a buscar una entrada a la pirámide.
Los soldados se han arremangado y sólo portan pistolas automáticas, para subir con mayor rapidez a la pirámide. Indy y Sallah consiguen disparar a algunos soldados, pero rápidamente se les acaban las municiones. Hannah, a su vez, agarra un rifle también, cierra los ojos y dispara, sacudiéndose toda. El disparo hace un arañazo en el oro y pasa muy ceca de un soldado, que se confunde momentáneamente. Tiempo suficiente para que ambos arqueólogos se le tiren encima y logren reducirlo. Ya están lo suficientemente cerca como para golpear a los soldados. Uno muy grande patea a Indy y lo hace caer sentado, luego junta sus manos y está puto de punto de golpearlo duramente, pero Hannah dispara y mata de un disparo al soldado. Indy e da vuelta y le sonríe. Hannah se saca los anteojos y le manda un beso. El arqueólogo se levanta y sigue peleando, con expresión confundida. Sallah ya se ha apoderado de un arma y está disparando certeramente.
Al cabo de un rato, todos los soldados están derrotados. Nuestros héroes bajan a toda velocidad. Ven a Gianni, Andrews y sus hombres entrando rápidamente por una pequeña entrada oscura. A toda velocidad los siguen. Una vez adentro, y habiendo prendido Indy su encendedor con el trébol, se esconden en un recoveco. Aparentemente, Gianni se ha hartado de Andrews y ha decidido matarlo. Al fondo, hay dos senderos.
Carlo Gianni levanta el arma hacia Andrews. Éste está asustado y sudando. Indy no lo duda y junto con Sallah y la Dra. Smith disparan: Indy al arma de Carlo, Sallah y Hannah a los soldados. Logran matar a tres. El fascista rápidamente arroja a Andrews al suelo y toma el sendero de la izquierda junto a diez de sus soldados. El resto toma el de la derecha.)
CARLO GIANNI
-¡Elige, Jones! ¡Jajajaja!
(Jones, Hannah y Sallah se acercan a Andrews y lo ponen de pie de un sacudón.)
RAYMOND ANDREWS
-Jones, debemos dividirnos…
INDY
-Cállate, imbécil. No nos dividiremos. Seguiremos juntos… por allá (señala a la derecha).
(En silencio, toman el sendero de la derecha. No tardan en alcanzar a los soldados, y los siguen discretamente. De pronto, el suelo se mueve bajo los soldados, el piso se resquebraja y las grietas llegan hasta donde están nuestros héroes. Algunos soldados llegan a escapar, pero 5 caen a las profundidades. Indy y su grupo dan un salto hacia atrás, pero Sallah se resbala y comienza a caer. Indiana le tiende su látigo y tira de él. Raymond Andrews aprovecha para escapar, peor Hannah le pone el pie delante y el millonario se resbala. Rescatan a Sallah y comienzan a cruzar a través de un muy angosto trozo del suelo que ha quedado a los costados del pasadizo.
Logran cruzar al otro lado, y siguen caminando. Esta vez, no logran ver a los soldados. La luz de la lama del encendedor ilumina las paredes, ilustradas con jeroglíficos que narran el encuentro de los faraones con el dios del sol, Amón-Ra.
Detrás de ellos, reaparecen los soldados italianos, que les han tendido una emboscada. Silenciosamente, continúan caminando. Llegan a una amplia antecámara, llena de sarcófagos hechos de lapizlásuli.)
HANNAH SMITH
-Los sirvientes de los faraones.
(Llegan a una puerta sellada. Uno de los soldados coloca dinamita en ella, haciéndola explotar. Cuando todo el humo se disipa, se les revela una habitación iluminada, llena de jarrones funerarios. Dentro de ella, se encuentra un ser traslúcido, vestido humildemente, que los mira tristemente y les habla en egipcio. Hannah responde en el mismo idioma, asiente gravemente con la cabeza y pide a los soldados salir de la cámara. El ser traslúcido desaparece. Nadie puede creer la aparición.)
HANNAH SMITH
-Era… uno de los sirvientes. Ha pedido que nos vayamos de aquí. Dice que ellos han cuidado la pirámide durante siglos, y que deberán echarnos a la fuerza si no lo hacemos.
SOLDADO ITALIANO
-¡No! ¡El tesoro es nuestro!
INDY
-¡Idiotas! ¿Creen que Carlo Gianni querrá compartir el tesoro con ustedes? Los matará en cuanto pueda.
SOLDADO ITALIANO
-Por eso tenemos nuestras armas…
(En el otro sendero, Gianni y sus soldados continúan avanzando. Todavía no ha ocurrido nada. Sin embargo, desde arriba comienzan a brotar más seres traslucidos, que atacan directamente a los soldados. Gianni es rápido, y junto con sus soldados corre hasta a la siguiente cámara. Parece ser un sitio importante, porque los aparecidos se retiran rápidamente. Una vez en la cámara, nuevamente aparecen dos pasadizos. Carlo elige el de la derecha, y manda a algunos de sus soldados a la izquierda. Inmediatamente escucha gritos: una puerta se cierra sobre el pasadizo de la izquierda. Dos de sus soldados logran escapar, pero el resto queda encerrado para siempre. Gianni, precavido, tira una piedra hacia la oscuridad del pasadizo de la derecha. No se escucha ningún sonido, lo cual indica que es falso también.
Con una sacudida, el piso se hunde: Carlo y un par de sus hombres se agarran de las hendiduras de la antigua roca y comienzan a subir. El resto de sus soldados muere con el hundimiento del piso. Carlo sólo alcanza a observar que en el fondo hay unas afiladas lanzas. Inhala fuertemente y continúa subiendo.
A través de otro pasadizo, muy empinado, tanto que hay que sostenerse del techo con las manos para no caerse, Indy, sus acompañantes y los soldados llegan hasta un recinto más amplio, iluminado con antorchas y rodeado de puertas de piedra.)
HANNAH SMITH
-La pirámide debe haberse construido dese esta sala hacia abajo. Nadie subiría por este pasadizo. Es increíble.
(Carlo y sus pocos hombres reptan por un túnel angosto y se encuentran con el empinado pasadizo. Varios soldados se caen por él como si fuera un tobogán, pero el italiano se sostiene fuertemente y sube. Cuando finalmente logra salir, se encuentra a sólo dos de los soldados que mandó al primer sendero de la derecha, Hannah, Andrews, Sallah y Jones. Detrás del militar, salen cinco soldados.
CARLO GIANNI
-Señores, hemos llegado.

CAPÍTULO 18
INDY
-Esto está lleno de puertas. Hay una gran posibilidad de que muchas sean falsas.
SOLDADO
-¿Cómo haremos? No queremos morir, señor.
CARLO GIANNI
-El que no arriesga no gana.
(Abre una de las puertas. Le quita el encendedor a Indy e ilumina la cámara.)
Lo dicho, señores. Aquí hay algo.

HANNAH SMITH
-(Entrando) Esto… es increíble. Son… los sarcófagos de los faraones miembros de la logia (se detiene a leer los jeroglíficos en los sarcófagos).
Esta es la cuarta dinastía. Cada puerta… pertenece a una dinastía. Hasta la 19, cuando se construyó Abu Simbel… Y la puerta del medio… Es el tesoro de todas las dinastías…
RAYMOND ANDREWS
-Increíble.
(Se acerca a la puerta de la recámara, pero Carlo Gianni lo aparta de un empujón y le apunta con su arma. Con una radiante sonrisa de avaricia, y rodeado de sus soldados, abre de una patada la puerta. La recámara es enorme, y está llena de oro. Raymond Andrews intenta entrar, pero Indy lo detiene con el brazo. Su cara indica preocupación.
Los soldados y su jefe comienzan a revolcarse en el oro, tirárselo entre ellos, y saltar encima. Sin embargo, al cabo de unos segundos comienzan verse mal. Sus rostros están pálidos. Horribles pústulas comienzan a brotarles. Sus manos se ampollan. Se agarran al cabeza y comienzan a gritar y a sacudirse violentamente. Hannah grita de horror.)
HANNAH SMITH
-¡Dios mío! ¿Qué les pasa?
INDY
-Lo mismo que ocurrió con la tumba de Tuthankamón. El aire viciado los está matando. No mires. Vayámonos ay de aquí.
(Se siente una violenta sacudida, que hace tambalear a todos. Caen algunas piedras del techo.)
INDY
-Hay que salir. ¡Ya!
(Entre los estruendosos gritos de los soldados, se tiran como si fuera un tobogán por el pasadizo empinado, mientras todo se sacude. Caen con un golpe seco en el piso, se levantan y siguen corriendo. Cruzan a toda velocidad la cámara de los sirvientes, mientras los delicados sarcófagos de lapislázuli se parten por el temblequeo.
Llegan hasta el pasadizo que se hundió, y del cual quedan sólo los extremos, pegados a las paredes. Pegados a la pared y con los dientes apretados, comienzan a pasar por él. Sallah y Hannah son los primeros en llegar al otro lado. Indiana y Raymond están también a punto de legar, pero otro violento sacudón de la pirámide los tira al vacío. Ambos logran aferrarse y comienzan desesperadamente a tratar de subir, mientras caen pequeños escombros del techo. Pero Andrews, siempre buscando un momento para deshacerse del arqueólogo, comienza a golpearlo. Indy grita de dolor, esquiva el siguiente puñetazo mientras Hannah y Sallah insultan a Andrews y consigue golpearlo en el centro de la cara. Andrews, confundido por el impacto, se suelta y cae al vacío, muriendo. Indy logra subir de nuevo al fino trozo de piso, cruzar y continuar corriendo junto a Hannah y su amigo. Justo a tiempo, porque lo que ocurría era que la pirámide ese estaba hundiendo de nuevo en la arena. Salen reptando por la puerta, auque Indy se deja el bolso adentro. Justo cuando la entrada de la pirámide está a punto de sumergirse de nuevo en la arena, Indiana mete la mano adentro y saca su bolso.
Contemplan, Hannah abrazada a Indy, cómo la pirámide se hunde lentamente en la arena. Cuando está a punto de hundirse la punta de la pirámide, con la barra de hierro de Abu Simbel encastrada, Hannah intenta alcanzarla, pero Indy la retiene suavemente y finalmente contemplan cómo se hunde.
Pero cuando se dan vuelta, se encuentran que los soldados que habían llegado persiguiéndolos desde el cuartel general de los italianos siguen ahí, y les están apuntando. Con disgusto, levantan las manos, pero una terrible explosión vuela por los aires uno de los tanques de guerra.
Ha sido el ejército inglés, que llega con aviones y ametralladoras. Nuestros héroes llegan a esconderse y contemplan la balacera desde las dunas. Los ingleses superan en número a los fascistas y a los poco que no matan los toman prisioneros para ser interrogados.)

Capítulos hasta el 15

CAPÍTULO 11
(En la estación de trenes de El Cairo, Indiana Jones y Sallah, suben las escalerillas que han de aproximarlos lo más posible a la ubicación de la Pirámide de Oro que se señala en el mapa. Cuando Indy abre la puerta de su compartimiento, se encuentra a Raymond Andrews y a Hannah Smith riéndose tontamente, abrazados. Ellos se sorprenden cuando se dan cuenta de que Indy ha abierto la puerta y se separan rápidamente. El arqueólogo frunce el seño, molesto, y cierra de un portazo el compartimiento.
SALLAH
-(Riéndose) Ojaja! ¿Estás celoso?
INDY
-¿Yo? ¿Celoso? ¿De esa aburrida mujer? Sí, claro.
(Comienza a andar más apurado, dejando atrás a Sallah, que lo contempla con una sonrisa.
Se hace de noche. Indy y Sallah están en la parte posterior del vagón, contemplando la luna justo delante de ellos, con unas copas de vino en la mano. Indy está con su camisa y pantalón, pero sin su fedora.
INDY
-¿Sabes qué, Sallah? Me siento muy feliz con lo que ha sido nuestra amistad. Gracias a ella, volví con Marion… aunque fuera por corto tiempo (con desdén). Recuperé a mi padre, y lo más importante, es que seguimos siendo amigos.
(Una sombra negra comienza a acercarse detrás de ellos)
Además ahora quizá estemos a punto de descubrir algo con lo que ni siquiera se había soñado. Quiero decir, ¿Te imaginas lo que puede llegar a ser? Algo más allá de la imaginación, sólo porque nunca nadie se lo había imaginado…
(La figura oscura finalmente actúa, colocando una cuerda alrededor del cuello de Indiana, intentando ahorcarlo. Es un encapuchado. Sallah, que está al costado de Indy pero a quien el hombre no había visto, lo golpea con fuerza, tirándolo al piso. La figura, viendo que no puede contra dos, comienza a ubir por la escalera del tren hasta el techo. Indiana rápidamente se levanta y desenvuelve su látigo, sube por la escalera del tren y lo envuelve alrededor de la pierna de su enemigo, que está haciendo señas. El hombre cae e Indiana lo atrae para sí, ero el hombre lo patea con furia. Indy logra tomar su pierna y le tuerce el pie, haciéndolo gritar de dolor. Luego lo desenmascara y descubre que es quien sospechaba: el funcionario inglés a quien el había visto hablar con un espía fascista.
ESPÍA
-(A alguien más) ¡Rápido, idiota! ¡Me tienen!
(Alguien dispara, dando cerca de la pierna de Indiana. Es un hombre que se aproxima en un caballo a todo galope. En su distracción, Indy no se da cuenta de que el maldito que ha capturado se ha incorporado y se prepara para atacarlo con un cuchillo en su mano. El inglés hace su jugada, pero sólo desgarra la camisa de Indiana, quien como respuesta le propina un enorme puñetazo que lo tira del tren, aunque el hombre a caballo lo ataja y se lo lleva a todo galope. Es inútil hacer algo más. Llega Sallah.
SALLAH
-Están todos avisados, Indy.
INDY
-(Con enojo y sangrando) Tarde.

CAPÍTULO 12
(Se está preparando el campamento, cerca de una base militar inglesa. Entre el polvo que levantan las carpas caminan Indy y Raymond Andrews, discutiendo)
INDY
-¡Andrews, entiende esto! El espía ya debe saber lo suficiente como para avisarle a los italianos de lo que estamos buscando. Un tesoro como el que hay en la pirámide podría financiarles a ellos y a los nazis diez guerras mundiales. Debemos partir esta noche.
RAYMOND ANDREWS
-¡Jones! Se hará según los planes, basta.
INDY
-¿Qué te pasa? ¿Estás del lado de los fascistas?
RAYMOND ANDREWS
-No, pero… pregúntale a la Dra. lo que opina de esto.
(Ambos miran a la doctora, que inútilmente intenta protegerse del polvo que levantan los militares ingleses estacando las carpas.
Indiana lo mira con odio y se va, buscando a Sallah. Finalmente lo encuentra, y lo aleja un poco para hablarle en secreto)
INDY
-Esta noche, tomamos unos caballos y vamos a buscar la pirámide.
SALLAH
-Indy… ¿No te parece un poco arriesgado? Quiero decir, con los italianos dispersos por el desierto, si nos encuentran y ya están enterados de lo que buscamos, sería peligroso que nos sacaran el mapa y el objeto.
INDY
-(Con su clásica media sonria) Bueno… no es más de lo que se espera de nosotros.
(Es de noche. La Dra. Smith duerme en su carpa, cuando escucha el ruido de caballos relinchando. Se levanta y toma un candelabro apagado de su mesita. Sale violentamente de su tienda y encuentra a Indiana y a Sallah a caballo, Indy poniendo el mapa y el artefacto con jeroglíficos en su bolso verde)
HANNAH SMITH
-¿Qué diablos piensan hacer?
(Ambos comienzan a hacer frenéticos movimientos de silencio.
HANNAH SMITH
-(Gritando) ¡Deténganse ahora mismo!
SALLAH
-Vamos, Indy. ¡Ya!
HANNAH SMITH
-¡Ah, no! ¡Si van a buscar la pirámide, yo voy también!
(Se escuchan gritos, cerca de ellos. Todo el campamento está despierto y va corriendo hacia ellos. Indiana espolea a su caballo y Hannah se sube como puee, abrazándose a la cintura de Indy. Parten a todo galope, con los británicos corriendo detrás de ellos. Viene Raymond Andrews corriendo en bata, con expresión de ira)
RAYMOND ANDREWS
-¡¡¡Joooooooneeees!!!

CAPÍTULO 13
HANNAH SMITH
-¿Qué diablos pretenden con esto?
INDY
-Debemos partir antes de que los italianos se enteren de lo que estamos buscando. Las cosas históricas no deben caer en manos equivocadas.
HANNAH SMITH
-Pensamos muy parecido, Dr. Jones. Lástima que nuestros métodos sean diferentes.
INDY
-Aunque igualmente le gusto, ¿verdad?
HANNAH SMITH
-¡Cállese!
SALLAH
-(Mirando su reloj) Indy, son las tres de la mañana y nos quedan unos 50 kilómetros todavía. Es seguro que ellos no llegarán antes que nosotros, por muy cerca que tengan un campamento. ¡Estamos en el medio del Sahara!

INDY
-Está bien. ¡Pararemos aquí esta noche!
(Se asume que han pasado unos minutos. Sallah está durmiendo con su saco blanco en el piso a modo de almohada, y Hannah temblando de frío por la noche del desierto. Indiana acaba de hacer un fuego y se acerca a ella)
INDY
-¿Tiene frío?
HANNAH SMITH
-(Tiritando de frío) Sí, muchísimo.
(Indy se compadece y le da su campera de cuero para que se cubra y la rodea con el brazo).
INDY
-Perdona si… eh… he estado un poco descortés.
HANNAH SMITH
-¿¡Sólo un poco?! ¡Me has tratado mal desde que empezamos a trabajar juntos!
INDY
-Okay, okay… He sido un idiota. Eres una gran compañera (ella le sonríe, más conforme. Pero no una sonrisa de superación, sino de felicidad. Él también le sonríe.)
Entonces, ¿qué ocurre entre tú y Andrews?
HANNAH SMITH
-(Se ríe con ganas) ¡Jajajaja! ¡Finalmente tenía razón! ¡Sí te preocupaba!
INDY
-¿A mí? ¡Por Dios!
HANNAH SMITH
-¿Sabes? No creo que hayas preguntado para ser nuestro padrino..
INDY
-Entonces, ¿Sí ocurrió algo?
HANNAH SMITH
-¡Por supuesto que no! (Lo mira con una sonrisa) ¿Sabe por qué?
(Indy la mira con falsa intriga, con su media sonrisa)
INDY
-¿Por qué?
HANNAH SMITH
-Porque desde el principio me gustó usted.
(Se acercan lentamente, cierran los ojos y comienzan a besarse apasionadamente. Hannah se saca los anteojos y Jones el sombrero.
Sallah abre un ojo, sonríe y vuelve a dormirse.
Es la mañana. Alguien despierta con una patada al Doctor Jones, que abre los ojos violentamente. Es un hombre alto, vestido de militar, delgado y con un fino bigotito, que o mira con una sonrisa maliciosa y empieza a gritar palabras en italiano a sus soldados, que ya tienen atrapados a Sallah y a Hannah







CAPÍTULO 14
(Unos soldados agarran a Jones por los brazos. El italiano lo mira con un una leve sonrisa burlona. Se contemplan durante unos segundos. Luego, el militar se da vuelta y pregunta en un malísimo inglés)
MILITAR
-¿Quiénes son ustedes, americanos?
INDY
-No juegue conmigo, señor…
MILITAR
-Carlo. Carlo Gianni. General.
INDY
-Ya sé que saben quiénes somos.
CARLO GIANNI
-La verdad es que no (se da vuelta y lo mira con los ojos semicerrados)… ¿Debería?
(Indy mira a Sallah y a la Dra. Smith con asombro. Finalmente, parecería que el espía no había alcanzado a avisar)
CARLO GIANNI
-¿Qué pasa? ¿Qué ocultan? (A Hannah) Deme esos papeles.
(Le pide los papiros)
INDY
-¡No se los des!
CARLO GIANNI
-Con que nos ponemos rebeldes, ¿eh? Bueno… (Se acerca a Indiana y le pega un terrible puñetazo. Mira a Hannah.) ¿Me los va a dar?
(La arqueóloga le entrega los papeles con la mano temblorosa. El italiano e los arranca de la mano violentamente y se pone a cuchichear en su idioma con un soldado.)
Un mapa. ¿Qué están buscando? (Mira a Jones, ansioso por seguir golpeándolo).
INDY
-Nada. Sólo vinimos aquí a pasar el rato (sangrando por la boca, lo contempla con su media sonrisa.)
(El militar se harta y toma un rifle. Dispara, a treinta centímetros de Jones, como advertencia. Hannah grita y Sallah adopta expresión de preocupación)
No le diremos nada, imbécil.
(El militar apunta directamente a Indy. Hannah grita de nuevo y Sallah llama al militar, quien se voltea y arquea una ceja.)
SALLAH
-E-es el mapa de una p-pirámide, señor. Una pirámide que está enterrada, según una leyenda… Bajo la arena. Una pirámide hecha de oro.
(Durante unos segundos, se hace silencio. Luego estallan todos a reír, excepto Carlo Gianni, que se acerca a Sallah.)
CARLO GIANNI
-¿Habla en serio, o es algún tipo de loco?
HANNAH SMITH
-Es verdad, señor. Soy arqueóloga. Trabajo para el gobierno británico.
(La cara de Gianni adopta expresión pensativa.)


CARLO GIANNI
-¿Y dónde se encuentra esta… eh… reliquia arqueológica?
SALLAH
-Unos cincuenta kilómetros.
CARLO GIANNI
-Bueno, vamos para allá ahora mismo (se escucha la queja de los soldados y Gianni se para en seco)
¿Acabo de escuchar una queja?
SOLDADO
-Señor, es muy improbable que…
CARLO GIANNI
-¿Y tú qué sabes, imbécil? Además no tienen que quejarse… (A Sallah)¿Es en esa dirección? (Apunta hacia el sur. Sallah asiente.) Queda de camino al cuartel.
SOLDADOS
-(A coro) ¿¡Volveremos al cuartel!?
CARLO GIANNI
-En cuanto llegue el relevo, mañana en la mañana, levantaremos el campamento. Y si encontramos algo… Piensen, señores: oro, más del que jamás tendremos en toda nuestra vida… Y sólo para nosotros, porque… ¿Nadie tiene porqué enterarse, ¿no?
(Entre los gritos de aprobación de los soldados, Indy, Sallah y Hannah se miran con preocupación.

CAPÍTULO 15
(Nuestros héroes, atados de pies y manos, se bambolean en los asientos traseros de un camión militar. Hannah está protestando)
HANNAH SMITH
-¡Dr. Jones, es usted un idiota! Si tan sólo nos hubiéramos quedado en el campamento…
(Jones mira al frente con expresión enojada. Sallah se ríe.
De pronto, el camión frena, y los cautivos se chocan la cabeza contra el asiento del frente. Cuando uno de los soldados fascistas abre la puerta y les grita en italiano que se bajen, la cara de Indy se endurece aún más.
Pasa la tarde. Carlo Gianni se la pasa con las manos atrás, recorriendo a paso rápido la “excavación” y consultando constantemente a Hannah.)
CARLO GIANNI
-¿Señorita Smith, a qué profundidad se encuentra la pirámide?
HANNAH SMITH
-N-no lo dice, señor. Pero estas civilizaciones antiguas no tenías la tecnología necesaria como para hacer mucho más que las tumbas del valle de los reyes, señor. Aunque claramente siglos de tormentas de arena podrían jugarnos en contra.
CARLO GIANNI
-Señorita Smith, ¿para qué busca usted este objeto? No parece una persona muy… (Observa despectivamente su vestimenta, su camisa celeste y su saco beige) interesada en la riqueza.
HANNAH SMITH
-No lo hago por eso, señor. Hay otras cosas, además de la riqueza.

CARLO GIANNI
-¿Las hay? ¿Cuáles?
HANNAH SMITH
-Orgullo profesional, curiosidad, el deseo del conocimiento… Yo amo la cultura egipcia, señor.
CARLO GIANNI
-¿Por qué debería ser interesante una cultura extinguida hace más de mil años?
HANNAH SMITH
-La cuestión no es el interés: es una cuestión de… agradecimiento. Si estas culturas nunca hubieran progresado, no seríamos lo que somos. Gracias a ellos, somos lo que somos. Y eso jamás debe quedar olvidado. Cada vez que se realiza un nuevo descubrimiento, aprendemos algo. Y una civilización que logra enseñarnos algo, luego de, como usted dice, más de mil años, creo que merece que su legado se conozca, aun cuando para nosotros no signifique nada.
CARLO GIANNI
-(Sonriendo) Es un pensamiento muy noble, Dra. Pero estúpido. Veo que no coincidimos en nada. Una lástima.
(Se retira. Hannah se queda con el papiro en la mano, parada. Su silueta se ve negra frente al sol de la tarde. De pronto se escucha un grito, y los soldados comienzan a aglomerarse en torno a algo que Hannah no logra ver. De repente, Carlo Gianni la agarra violentamente del brazo y por poco la arrastra al lugar de la acción.
Alrededor de la excavación, hay un soldado italiano tirado en el piso, con expresión de confundido: Indy, con un rifle en la mano que es del soldado; y Sallah, con una pequeña pistolita.)
INDY
-(Mirando a Gianni) ¡Déjennos, ir, o mataremos a su jefe!
(Jones no había visto que el militar tenía aferrada a Hannah, por lo tanto éste se la muestra y le apunta con una pistola en la cabeza. Indy abre el ojo que tenía apuntando a Gianni, y Sallah, sostiene con más fuerza la pistola)
CARLO GIANNI
-¿Qué vas a hacer ahora, americano? ¿Mirar como le vuelo los sesos? Esto no es negocio para ninguno de los dos: suelten sus armas.
(Las sueltan. Los soldados se acercan para desarmarlos, y Gianni se les adelanta. Patea con fuerza al arqueólogo en el estómago, tan fuerte que lo hace tumbar, y comienza a patearlo violentamente. Entonces Sallah golpea con fuerza en la cara al militar, haciéndolo dar media vuelta. Mientras tanto, Hannah aprovecha el desconcierto de los soldados para robarle un rifle a uno de ellos. Todos se dan vuelta para mirar, expectante. Hannah apunta hacia Gianni, pero erra con malísima puntería. Los soldados empiezan a perseguirla, mientras Indiana y Sallah comienzan a abrirse paso a las trompadas, alcanzan a Hannah y comienzan a correr entre las carpas, esquivando los disparos mientras Gianni grita e insulta a sus despistados y vagos soldados.
Indy entra a la tienda reservada a los prisioneros y se lleva la barra metálica con inscripciones jeroglíficas. Una vez ahí, les tienden una emboscada: los italianos bloquean la salida. Indy saca su látigo y le da una navaja a Sallah para que abra la tela de la carpa. Hannah trata de ayudar disparando nuevamente el rifle, que esta ve rebota en una lámpara de aceite y la hace explotar, prendiéndose fuego la carpa. Entre grandes llamaradas y mientras Sallah intenta cortar la carpa esquivando el fuego, Indiana tomas el rifle y con un certero disparo logra un efecto dominó entre los soldados, tirando al muerto encima del resto por el impacto. Hannah ha pasado a utilizar el látigo de Indy, pero lo único que logra es enredarse sola en el látigo. Indy la agarra como una bolsa de papas y se la carga alfombro, junto con Sallah atraviesan la carpa y del otro lado se encuentran con Gianni y unos diez soldados. Gianni sonríe malévolamente.

Capítulos hasta el 10

CAPÍTULO 6
(Se muestra el mapa con la línea roja que se dirige desde Babilonia hasta El Cairo.
Indy y la doctora Smith están en un palacio donde viven los británicos. Indy camina a través de los pasillos del palacio y entra en una oficina donde lo espera Herman MacDonald)
HERMAN MACDONALD
-Dr. Jones, me informaron que deseaba hablar conmigo. ¿Son cómodas sus habitaciones?
INDY
-Muy cómodas, gracias. Ahora, si no le importa, debemos hablar. Con suerte, esta cuestión podrá estar resuelta antes de la celebración de mañana.
(El inglés lo mira intrigado. Le ofrece al arqueólogo un lugar frente a su escritorio y él también se sienta)
INDY
-Sé que no debimos hacerlo, pero, durante el viaje, ojeamos los papiros con la Dra. Smith. Y descubrimos algo asombroso.
(Se hace una pausa. Ambos hombres se observan)
En los papiros se mencionaba una antigua leyenda egipcia, según la cual habría una antigua pirámide de oro en la que habrían sido enterrados algunos de los más ilustres faraones.
(Herman MacDonald lo mira con cara escéptica, como si dudara de su salud mental)
No, no creo que pueda existir la pirámide tal cual se la menciona en los mapas, pero sí creo que sería posible algún recinto funerario bajo las arenas. Según la leyenda, la pirámide podría ser visible a los ojos humanos a través de un artefacto mágico. En la realidad podría tratarse de una llave o mecanismo que podría abrir la entrada de la tumba.
He pensado mucho en esto. La doctora no lo cree, pero yo estoy seguro de que hay algo de verdad detrás de la leyenda. El hallazgo de los papiros podría representar la puerta a otro descubrimiento, más grande e importante aún. Le pido que una investigación.
(El inglés junta las yemas de los dedos y medita la propuesta de Indy. Finalmente levanta la cabeza y lo mira con una sonrisa)
HERMAN MACDONALD
-Su propuesta debería resultarme una locura, pero, no sé por qué, me ha convencido. Contrataré a los expertos y arreglaré las cosas para que usted y la Dra. Smith dirijan la investigación.
(Indiana sonríe radiante y se retira de la habitación)
(Indiana y la Doctora Smith están almorzando en una mesa larguísima, en extremos opuestos)
INDY
-Dígame, Hanna, ¿Te hace feliz la perspectiva de iniciar esta investigación?
HANNAH
-Muy feliz, sabiendo que no estará sólo en manos de aventureros de delirante imaginación.
INDY
-No se preocupe, ni siquiera los habrá.
HANNAH
-Me estaba refiriendo a usted.
INDY
-Ah, entonces es obvio que no me conoce en lo más mínimo.
HANNAH
-Conozco su tipo de hombre.
INDY
-Y usted conoce mucho de hombres, ¿no?
HANNAH
-Es obvio que usted tampoco me conoce a mí.
INDY
-No si usted no me deja conocerla…
(Indy se interrumpe porque alguien abre la puerta y se abalanza sobre él en un enorme abrazo. Indy se deshace del gigante que o estruja para ver quién es. Acto seguido, lo abraza él)
¡Sallah! ¿Cómo estás, amigo?
SALLAH
-¡Perfectamente ahora que te veo, Indy! ¿Cómo está tu padre?
INDY
-(En voz baja y con expresión de disgusto) Peor…
HERMAN MACDONALD
-¿Él es el experto que nos recomendó, Dr. Jones?
INDY
-Sí, es él.
HERMAN MACDONALD
-Nuestro experto está ahora en Mongolia, pero hará acto de presencia mañana en la celebración.
INDY
-Lo esperaremos.

CAPÍTULO 7

(Indy y Sallah caminando por una calle de El Cairo)
SALLAH
-Indy, no sabes la alegría que es para mí acompañarte en una nueva aventura.
INDY
-La alegría es mía, Sallah. Tener a la doctora Smith me servirá de mucho, pero tiene un carácter…
SALLAH
-…Y pese a eso, te gusta.
(Indy sonríe torcidamente. De pronto un hombre vestido con traje negro les pasa delante. Indy lo reconoce)
INDY
-Es uno de los hombres de MacDonald, debería estar en el palacio, cumpliendo sus funciones.
SALLAH
-Sigámoslo.
(Caminan en silencio, adentrándose en un ruidoso mercado, Muchos vendedores intentan interceptar al hombre, pero él no les hace caso. Muchos mercaderes optan por molestar a los dos arqueólogos entonces. Casi pierden al hombre misterioso, pero por suerte logran sacarse de encima a los vendedores y lo siguen hasta que se detiene en una calle oscura.
El hombre mira hacia atrás, verificando que no lo sigue nadie. No ve a los arqueólogos ocultos tras un puesto abandonado.
De una puerta del callejón sale un hombre también con traje, de rasgos italianos y con un pequeño bigotito. Sallah e Indiana observan, mudos.
Los dos hombres intercambian algunas palabras en italiano. Pareciera que el empleado de MacDonald le pidiera que demostrara algo. Finalmente, y con cara de disgusto, el italiano saca un distintivo metálico con forma de águila. ¡Es un espía fascista!.
Hablan por poco más de cinco minutos. Indiana no escucha y sala un poco de su escondite para escuchar. De pronto, el italiano se da vuelta como para irse y descubre a Indiana. Desenfunda su pistola y dispara, tan cerca que le vuela el sombrero a Sallah. El inglés huye por donde vino, y el italiano continúa disparando. El segundo disparo hace un cráter en la pared contra la cual está apoyado el puesto. Indiana apenas puede sacar su pistola para disparar un par de veces. El siguiente disparo revienta una de la endebles maderitas que sostienen el toldo, y se les cae todo encima.
De una nube de polvo salen nuestros héroes. Indy pone cara de disgusto. Han perdido al espía.

CAPÍTULO 8
(Mientras Herman MacDonald se está arreglando la corbata para la fiesta, Indiana toca a su puerta)
HERMAN MADONALD
-¡Pase!
INDY
-Señor, tengo que contarle algo…
(Le explica lo ocurrido. Heman MacDonald le pregunta sobre el hombre que él cree que trabaja en el palacio)
HERMAN MACDONALD
-No puede ser, ese hombre es Charles Smart, mi mano derecha. Es un hombre de confianza, no lo echaré por una sospecha suya. Además, la situación fue muy violenta, usted podría haberse confundido en medio del tiroteo. Según me dijo, usted lo siguió, por lo tanto sólo le vio la espalda…
INDY
-Señor, yo no le contaría esto a no ser que fuera muy importante…
HERMAN MACDONALD
-Dr. Jones, debe usted saber que pese a que confío en usted, se trata de un importante funcionario en esta colonia y no puedo hacer estas cosas a dedo, se deben tener pruebas más concretas. De lo contrario, la situación podría ser muy embarazosa. Es mi última palabra.
(Se va. Llueve afuera del palacio. Indiana está muy contrariado. Ve a MacDonald hablando con su “mano derecha”. Indiana los mira con rabia y frustración. Están en un grave peligro y la única persona que puede hacer algo no le cree. Se le une Sallah)
SALLAH
-Indy, ¿Qué ocurre?
INDY
-No me creen, Sallah. Yo sé lo que vi, y tu también!
SALLAH
-Realmente no, Indy. Lo siento. Yo había llegado hacía horas, no conocía al hombre, y no lo ví bien. Te creo, pero no te niegues a la idea de que puedes equivocarte.
INDY
-No se trata de eso, ¡es la verdad!
(Están al pie de la escalera. La gente alrededor de ellos parece asombrarse y deslumbrarse por algo situado en la parte de arriba de ésta. Indy y Sallah levantan la vista para ver de qué se trata y ven, asombrados, a la doctora Ana Smith, con el pelo arreglado, un vestido negro con la espalda al descubierto y zapatos de tacón. Ella baja elegantemente la escalera, haciendo como que no ha visto a Indiana. Saluda a Sallah)
SALLAH
-Está hermosa, doctora (le besa la mano delicadamente). ¿Qué opinas, Indy? (La doctora no puede ocultar su interés por la respuesta del arqueólogo)
INDY
-(Con malicia en la voz) Estoy un poco sorprendido de no verla con algo de color marrón…
(La doctora, furiosa, hace un movimiento como para pegarle un puñetazo, pero Indy toma su mano rápidamente, la abre para entrelazarla con la suya, le pone la mano en la cintura y empiezan a bailar el vals, mientras la mujer forcejea insistentemente para soltarse. Una pareja mayor los observa, alarmada. Indiana se da cuenta)
INDY
-(A la pareja) Sepan disculparnos, es que ella es… muy pasional.
(Esto es el colmo para Hannah Smith, y finalmente Indy, previendo la tormenta, la deja ir. Sonriendo ante la persistencia de la doctora en odiarlo, va hacia los baños. Ahí encuentra al funcionario inglés que viera en las calles del Cairo, y se esconde para verlo. Está hablando en italiano con el mismo hombre, pero Indy no puede captar lo que dicen. Está muy lejos. El italiano se retira y el inglés se dirige a los baños. Indiana entra precipitadamente en el baño y se esconde en un cubículo. El inglés entra y mira en redondo, verificando que no haya nadie, Indiana ira por encima de la puerta del cubículo cuando el traidor inglés se da vuelta y empieza a contar billetes. Entre ellos hay un pasaje a Italia.
Luego de un rato, el traidor se va. Indy silenciosamente sale. Pero se pega un susto de muerte cuando se encuentra cara a cara con el inglés. Éste lo mira fijamente. El arqueólogo sube a escalera que conduce al salón de baile, mientras el inglés no le quita la vista de encima.
Indiana quiere hablar con Sallah, pero lo intercepta Herman MacDonald, acompañado por la doctora Smith, que lo mira como a la peor monstruosidad del mundo)
HERMAN MACDONALD
-Finalmente, nuestro experto llegó, Dr. Jones. Aquí está.
(Aparece de entre un círculo de personas Raymond Andrews. La cara de Indy pierde el color. MacDonald está radiante.
Bienvenido, señor Andrews. ¿Cómo está el Tíbet, señor?
RAYMOND ANDREWS
-Frío. ¿Cómo está, MacDonald? (le estrecha la mano). ¿Y quién es esta hermosa señorita? (le besa la mano a Hannah).
HANNAH SMITH
-Doctora Hannah Smith, para servirlo.
RAYMOND ANDREWS
-Perdone, señorita, pero yo estoy para servirla a usted.
HERMAN MACDONALD
-Y creo que no conoce usted al Dr. Indiana Jones, ¿o me equivoco?
(El instante más tenso de la noche para Indiana. Se miran, estudiando lo que dirá cada uno. Es una auténtica lucha de poder)
RAYMOND ANDREWS
-No, no se equivoca, señor MacDonald. No conozco al doctor Jones. Un placer.
(Le tiende la mano. Ambos hombres se estrechan la mano tan fuerte que parece que en cualquier momento se escuchará el crujir de los dedos)
INDY
-(Con la peor cara del mundo) El placer… es mío.
HERMAN MACDONALD
-Sé que harán un gran equipo, junto con Sallah, al que no he podido encontrar. Debe estar socializando, es muy bueno en eso. Los dejo, voy a buscarlo. Seguro tienen mucho de que hablar.

CAPÍTULO 9
(La biblioteca de la embajada británica. Están Ana Smith, bastante arrimada a Raymond Andrews, que disimula su aburrimiento, Indiana y Sallah, un poco más alejados. La doctora busca entre los libros claves en los escritos egipcios, mientras Indy se queja de sus métodos)
INDY
-¡Deberíamos estar buscando el artefacto afuera, no en la biblioteca! ¡La logia era secreta! ¡Nadie hubiera escrito sobre ella! ¿Me escucha, doctora?
(La doctora lo ignora. Raymond Andrews le susurra algo al oído y ella sonríe. Indiana pone cara de enojo, se cruza de brazos y se hace el dormido poniéndose el sombrero sobre los ojos, pero en realidad está observando atentamente los movimientos de Andrews.
Pasan las horas. Indy se queda dormido. Lo despierta Sallah, con un sacudón.)
HANNAH SMITH
-¿Usted construyó su carrera quedándose dormido, Dr. Jones? Hay gente que tiene más de lo que merece.
(Es obvio que la doctora ha descubierto algo importante. Todos se ponen alrededor suyo para observar un viejo libro.)
-Sí. Aquí está. Bueno, Dr. Jones (lo mira con superioridad), parece que su método confianzudo y poco ortodoxo tiene resultado.
(Ella se inclina sobre el libro de vuelta)
Usted no leyó todo lo que estaba escrito en los papiros. Una parte pertenecían al diario del propio Alejandro Magno, y contenían anotaciones acerca de una búsqueda que había mandado a realizar a sus generales en el 323 a.C. en Egipto.
INDY
-La búsqueda de la Pirámide de Oro.
HANNAH SMITH
-Así es. Parece que sus generales habían encontrado el artefacto. No hay descripciones, pero no parece que fuera muy grande, porque la llevaron a la biblioteca del Museión, en Alejandría.

INDY
-(Con mucho enojo) ¿Algo que no me ha dicho, doctora?

HANNAH SMITH
-Ya le dije, Dr. Jones: usted no me conoce en realidad.
INDY
-¡Estamos juntos en esto!
HANNAH SMITH
-Parece que al fin se ha dado cuenta. Yo le diré lo que crea que debo decirle. (Se miran con ira durante unos segundos. Raymond Andrews lo mira con una sonrisa maliciosa, y Sallah se seca el sudor con la manga.)

SALLAH
-Señorita Smith, si esa información estaba en los papiros, ¿por qué estamos aquí? Además, hay otro pequeño problema: el Museión se incendió en la época de César.
HANNAH SMITH
-Esperaba que alguien lo preguntara (esboza una sonrisa de felicidad, porque ahora es su turno de explicar). Necesitaba corroborar la información. Y lo he hecho. El año de su muerte, Alejandro envió a sus generales al Museión. Ahora se sabe porqué.
INDY
-Claro, todo concuerda.
(Todos lo miran intrigados)
Después de eso, todos los generales murieron, ¿no, doctora? Y esta vez dígalo todo.
HANNAH SMITH
-(Con los labios apretadísimos) Sí. No se explica cómo. Murieron de una enfermedad extraña en el plazo de dos semanas. No se sabe cuál todavía.

INDY
-Nadie lo sabe, igual que la de Alejandro. Ese mismo año.

HANNAH SMITH
-Dr. Jones, no empiece…
INDY
-… y El Museión se incendió, no se sabe porqué. No hay pruebas de que César lo haya hecho.
HANNAH SMITH
-(Explota) ¿Y qué sostiene usted? ¿Qué fue la maldición de la Pirámide?
INDY
-Sólo digo… Que es raro.

CAPÍTULO 10
HANNAH SMITH
-Dónde podría haberse escondido este objeto sigue siendo un misterio
INDY
-Sí, pero no por mucho tiempo (pone una fotografía en blanco y negro sobre la mesa). Los templos de Abu Simbul estaban abandonados desde hacía siglos. Nadie se pondría a buscar un artefacto tal en ese lugar. Por lo tanto, sería entendible que los sacerdotes egipcios hubieran reubicado el artefacto en un lugar así,además de que tenía una significación religiosa muy importante, ya que estaba dedicado a Ra, Ptah y Amón, dioses principales de la mitología egipcia.
(Indiana sonríe a la doctora, que lo mira con mezcla de enojo y admiración. Poco a poco, el blanco y negro se va convirtiendo en color, y se funde con la imagen de la excavación arqueológica. Están Indy, Sallah, Andrews y Hannah Smith caminando entre obreros y polvo mientras Indy explica).
INDY
-En 1817, Giovanni Belzoni, un explorador italiano, ingresó a los templos y se llevó todos los objetos de valor que pudo encontrar, pero dudo mucho que se haya llevado lo que buscamos.
(Hannah Smith se para en seco)

HANNAH SMITH
-¿Entonces quizá estemos aquí inútilmente?
INDY
-(Con una sonrisa enigmática) Quizá.
(Aparece un obrero hablando en árabe y le comunica a Raymond Andrews algo al oído, y se aleja corriendo. Todos miran a Andrews con intriga)
RAYMOND ANDREWS
-Parece que encontraron algo. El capataz quiere que vayamos.
(Cuando llegan a donde está el capataz, hay obreros moviéndose inquietos hablando árabe entrecortadamente)
CAPATAZ
-Uno de los obreros descubrió que el piso es hueco en cierto lugar del templo, de un ancho de 1, 50 de largo por 2 de ancho. Por lo tanto, sería un buen lugar para esconder un objeto con las características que ustedes me han dado. (Los mira con gravedad)
INDY
-Pero tendremos que ir solos, ¿no?
CAPATAZ
-Exacto. Los obreros están demasiado asustados. Creen que la maldición de Ra caerá sobre ellos, en forma de escorpiones.
INDY
-Y seguramente tengan razón. Vamos.
(Agarra una pica y rompe el piso en el lugar indicado. Se hunde el piso y se desploman las piedras. Los obreros huyen con espanto, mientras el capataz los insulta en árabe. Indy pone un pie dentro y mira a sus compañeros).
¿Vienen o no?
(Acto seguido, se los ve caer en un recinto oscuro, con un sonido inquietante a base de chasquidos. Indiana prende un encendedor con un trébol y se muerde los labios, mientras Hannah Smith profiere un grito espantoso atrás suyo. La cámara está llena de escorpiones, muy pequeños).
INDY
-No se separen, por favor. Síganme y no se detengan.
(Hannah Smith corre hasta Indy y se abraza a él con terror. Mientras avanza, el arqueólogo la arrastra. Sallah empieza a patear a los escorpiones, que chasquean las pinzas).
RAYMOND ANDREWS
-Jones, ¿seguro que sabes lo que haces?

INDY
-Andrews, si estamos aquí es gracias a mí, no gracias a ti ni a la doctora Smith (la doctora suelta un brazo para pegarle un puñetazo en las costillas).
Los obreros temían a la maldición de los escorpiones, y ¿Qué ocurrió? ¡Estamos rodeados de ellos! Así que haznos un favor a todos: cállate.
(Mientras dice esto, Indiana está mirando a Andrews. No se da cuenta de Que un escorpión está caminando por su brazo, a punto de picarlo. Hannah se sacude violentamente de asco, lo cual provoca que Indiana se caiga al piso junto con ella, y que s escorpiones se arremolinen en torno a ellos, mientras la doctora no para de gritar. Indy comienza a echarse hacia atrás ayudándose con los pies a la vez que patea a los escorpiones, hasta tocar un escalón con la espalda. Cuando lo hace, ayuda a Hannah a subir los escalones. Cuando pasan el segundo escalón, los escorpiones se alejan violentamente, como rechazados por alguna fuerza invisible.
Indy, termina de subir la escalera junto con la doctora y entra a otro recinto. Andrews y Sallah se apuran a seguirlos.)
INDY
-Lo encontramos.
(Es un recinto pequeño. En el centro hay un objeto alargado, parecido a una barra de hierro, pero de oro. Indiana se acerca al artefacto, mirando alrededor en busca de trampas. Como no hay ningún indicio, toma el objeto en sus manos y lo examina. La punta de la barra de oro tiene inscriptos unos jeroglíficos en relieve. De pronto, se escucha un sonido metálico e Indiana se tira al piso. No ocurre nada y el grupo lo contempla con extrañeza.)
INDY
-Perdón, es que pensaba que… podía llegar a haber una trampa…
(Del techo sale una sola lanza, con un cadáver ensartado y lleno de bichos, que se clava justo al lado de Indiana)
INDY
-(Con una sonrisa) Mejor prevenir que lamentar, ¿no?

Tercer, cuarto y quinto capítulo

Capítulo 3

(El desierto. Por un camino de tierra circula un auto bastante sucio. Para enfrente de las ruinas. Se baja Indy. Se encamina hacia el lugar. Traspone la puerta: la Dra. Smith le ha asegurado que no hay nadie custodiando. Mira, asombrado por la arquitectura del lugar. Pero recuerda su misión. Comienza a buscar por todo el lugar, buscando hendiduras en las piedras. Se muestra bastante insatisfecho, y murmura cosas por lo bajo.
Tras un largo rato, se apoya en un mural en la pared, con formas de animales. Mira detalladamente las formas, por mera curiosidad. De pronto, ve una cara camuflada en los contornos de la pintura. Es la de Alejandro Magno. También nota que está como incrustada en las piedras de la pared. Sin pensarlo mucho, Indy la pulsa y la zona del mural se cae formando una rampa hacia un oscuro lugar.
Indy ríe de felicidad, saca su linterna y se introduce en el lugar. Está oscuro y frío, y la linterna no ilumina más de tres metros. De pronto, nota algo en la oscuridad. Es una especie de altar de piedra, donde hay una especie de caja de madera. Lleno de emoción, el aventurero se aproxima, la abre y ¡allí están! Varios mohosos papiros, salpicados de historia.
Indy se da vuelta y se encuentra con Raymond Andrews, el millonario:)
RAYMOND ANDREWS
-¡Jones! Es un plcer verlo aquí.
INDY
-¿Se sorprende?
RAYMOND ANDREWS
-Realmente no. Ahora (hace un gesto con la mano) entrégueme los papiros.
INDY
-Veo que no traes a tus amigos contigo. Ahora puedo molerte a golpes.
RAYMOND ANDREWS
-No se lo recomendaría. Entréguemelos.
(La expresión de odio de Indy cambia a una de pánico)
INDY
-Se está levantando el mural. Nos vamos a quedar encerrados.
RAYMOND ANDREWS
-Qué idiota es usted, Jones. ¿Cree que me voy a creer eso? Démelos.
INDY
-¡Imbécil! ¡Nos vamos a quedar encerrados!
(El millonario lo mira con gesto impasible hasta que escucha una crujido. es el mural que se está levantando cada vez más cerca del borde. Entonces se da vuelta e Indy aprovecha para pegarle un buen puñetazo. Como ya no hay tiempo de correr, Indy hace chasquear el látigo, que se enrolla vaya uno a saber dónde. Toma envión y llega justo a tiempo. Cuando llega del otro lado y a punto ya de cerrarse la entrada, nota que el látigo se encuentra justo en el borde, y tira de el para sacarlo justo a tiempo.
Sale de las ruinas a esperar a quien viene a recogerlo cuando recibe un brutal puñetazo en la cara. Atontado, mira a su alrededor y ve que el autor es uno de los compañeros de Andrews, el más musculoso. Éste le dice a los otros dos:
PAT ROACH
-¡Él es mío!

(Se inicia la pelea, con Indy esquivando como puede los golpes del forzudo. En uno de esos movimientos, el maldito apresa a Indy contra la pared.)
PAT ROACH
-¿Dame esas cosas que busca el jefe?
(Indy le escupe la cara. Entonces pasa la Dra. Smith en un auto agitando las manos. Indy le tira los papiros con todas sus fuerzas pero la chica es tan poco hábil que pasa demasiado rápido y los papiros caen en otro auto. Ella pone expresión de horror y lo sigue a toda velocidad. Indy pone cara de perturbación y golpea en la zona de abajo del vientre al forzudo. Entonces le pega un buen surtido de sus típicos puñetazos y lo deja tirado en el suelo. Los otros dos cobardemente huyen.
La chica llega hasta el otro auto cuando éste estaciona a un costado del camino. Los ocupantes, una familia de cuatro, se bajan y empiezan a inquirirla sobre porqué los persigue, pero en un dialecto tan extraño que la pobre mujer no entiende nada. Finalmente, se las arregla para entrar en el auto, sacarle los documentos, y salir corriendo, dejando el auto ahí.
Se encuentra entonces con Indy, que viene en el sentido contrario, jadeando y transpirando. Él la mira con furia, levanta el dedo y dice)
INDY
-Será muy inteligente, pero... en lo que a mí... respecta... no volveré... a confiar en usted... ¡Nunca!
(Se van caminando con la luz del atrdecer)

Capítulo 4
(Indy y la Dra. Smith en un avión, de regreso a Egipto. Se muestra el mapa otra vez. )
INDY
-Hannah (la chica lo mira con desaprobación, como si antes de llamarla por su nombre debiera haberle pedido permiso), dame los documentos un segundo.
HANNAH SMITH
-No.
INDY
-Hannah, recuerda que yo los encontré. Tengo derecho a verlos. Tú sólo los perdiste y por poco no los recuperas.
HANNAH SMITH
-(Mira a Indy con resentimiento y le entrega los papeles) Aquí tiene, Dr. Jones.
INDY
-Llámame Indy (la mira con una sonrisa, disfrutando de cuánto le molesta)-
(Indy se pone sus anteojos redondos y hojea los papiros. Y de repente nota una cosa. Se la señala a la doctora)
INDY
-Ésta pirámide no existe.
HANNAH SMITH
-(Le arranca el papel de las manos, feliz por tener un motivo para eso) Déjeme leer.
(La cara de la mujer está muy concentrada. Frunce el ceño y comienza a hablar en voz alta.)
Es una leyenda.


CAPÍTULO 5
INDY
-¿Una leyenda? ¿Acerca de qué?

HANNAH
-(Frunciendo el ceño) Acerca de una antigua logia faraónica. Acá dice que, hacia la cuarta dinastía, el faraón Jufu… Keops, como usted sabrá (Mira a Indy como se mira a un niño de 3 años que no sabe el abecedario), decidió construir una enorme pirámide de oro, donde se enterraría a los faraones. Las pirámides sólo serían depósitos honoríficos donde se colocarían algunos tesoros, pero nadie más lo sabría (Mira con escepticismo el papiro). Sólo algunos sirvientes los enterrarían en la Gran Pirámide de Oro, y serían encerrados en la pirámide junto con los cuerpos de sus señores para que nadie más supiera el secreto. Todos creerían que los sarcófagos se ubicaban en la pirámide que estaba a la vista de todos, porque la Pirámide de Oro estaba oculta de los ojos humanos.
Con el tiempo y hacia la quinta dinastía, se creó una logia secreta. Los faraones que, a cierta edad y habiendo realizado grandes acciones, podrían dedicarse a la búsqueda de un objeto que les permitiría ver la pirámide y ser enterrados con todos los honores.-
(Se hace una pausa. Ana recupera el aliento y habla)
HANNAH
-Perfecto. Una leyenda más que nos permitirá descubrir más acerca de los egipcios.-
INDY
-¿Y si no fuera una leyenda?-
(La doctora lo mira con desdén y guarda los papiros)
HANNAH
-No lo tome a mal… (con cara de enojo) Indy, pero me asombra que usted haya llegado a profesor con esas fantasías en la cabeza.-
INDY
-Bueno, justamente no llegué de esa forma, pero a lo largo de mi vida he visto cosas mucho más increíbles que esta. Siempre hay algo de verdad en las leyendas. Piénselo: ¿Por qué a partir de la quinta dinastía se creó la logia? Porque a partir de entonces los faraones dejaron de ser considerados dioses y serían pasados a considerar como hijos de los dioses. ¿Por qué Tutankamón no perteneció a la logia secreta, ya que se encontró su cuerpo? Por la regla de edad. Cuando en 1818 se encontró la tumba de Jafra… O Kefrén (Indy sonríe maliciosamente a la doctora) se encontraron huesos de vaca en el sarcófago. ¿Dónde estaba su cuerpo? ¿Enterrado en la Pirámide de Oro?

sábado, 16 de agosto de 2008

Segundo capítulo

El segundo capítulo de la historia:
Capítulo 2
(El aeropuerto. Un auto para frente al avión. De él se bajan Indiana, Marcus, Herman y el Coronel.)
MARCUS
-(Abrazando a Indy) Cuídate mucho ¿Quieres?
INDY
-A esta altura, que yo quiera cuidarme o no pesa muy poco, siempre me pasa algo (sonríe). No te preocupes Marcus, sabes que sé cuidarme.
(Los dos ingleses y el arqueólogo suben por la escalerita. Indy da un último saludo con la mano a Marcus, que lo observa sonriente. Se muestra el mapa marcando con una línea entre Estados Unidos y Babilonia. Por los costados de la página se muestra a Indy dormitando, mirando por la ventana, disfrutando de los beneficios de viajar en primera clase y charlando con sus acompañantes, seguramente de política. Se muestra el aeropuerto del otro país. Una bella mujer, de pelo castaño y con anteojos, espera con el pelo sacudiéndose a causa del viento del desierto. Cuando bajan, inmediatamente se acerca a saludar a los viajeros con un apretón de manos)

HRMAN MACDONALD
-Dr. Jones, la Dra. Hannah Smith, la investigadora a cargo de la expedición. Dra, el Dr. Indiana Jones.
HANNAH SMITH
-Un placer conocerlo, Dr. Jones. Me han hablado mucho de usted (le tiende la mano).
INDY
-El placer es mío (agarra la mano de la chica y se la besa; ella parece sorprenderse, pero inmediatamente cambia su expresión, esboza una pequeña sonrisa y desvía la mirada. Los otros dos ni se dieron cuenta)

HANNAH SMITH
-¿Como ha estado su viaje, Coronel Matthews? Me dicen que América es muy interesante...
CORONEL MATTHEWS
-Sí, bueno, igualmente, hablarán inglés pero no poseen ni nuestra cultura ni nuestra disciplina... ¡Ah, perdóneme, Dr. Jones!
(Indy hace un gesto con la cabeza, indicando que no le molesta, y los cuatro emprenden el camino fuera del aeropuerto.
Pasamos al estudio de la Dra. Smith, pequeño y lleno de libros de historia de Egipto. Hay un par de cuadros, en uno de ellos está ella con un hombre, abrazada a él. Parecen felices)


HANNAH SMITH
-Supongo que algo le habrán comentado el señor MacDonald y el Coronel, ¿no?
INDY
-Algo me han comentado, sí.
HANNAH SMITH
-Bueno, tanto mejor. Así podremos pasar a lo que nos interesa...
INDY
-¿Quién es ese hombre? (Señala al de la foto: ella frunce el ceño, como si recordara algo desgradable)
HANNAH SMITH
-Eso no le importa.
INDY
-Su esposo, ¿tal vez?
HANNAH SMITH
-¿Importa eso?
INDY
-A mí sí. No sería la primera vez que me ocurre algo por culpa del pasado de mis... eh... acompañantes.
HANNAH SMITH
-¡Qué quisquilloso! Si quiere saberlo, se lo diré. Es alguien que yo quise mucho, pero... él no sentía lo mismo por mí.
INDY
-(con ironía) ¿Algo así como un ex novio? (Ella lo mira mal) ¿Y para qué cuelga su foto en la pared? ¿Quizá para recordarse algo?
(Indy deja de hablar para verificar el efecto de sus palabras. el resultado es que la mujer se cubre la cara con las manos y empieza a llorar con fuerza. Mientras tanto, se las arregla para articular una explicación:
-¡Él... me dejó... porque... porque decía que yo era muy inflexibleeeeee!
(Indy se asombra por la actitud de la mujer: se pone a su lado e intenta consolarla, pero ella lo agarra de la camisa y le dice, con la mandíbula apretada:)
HANNAH SMITH
-No... le ... hable a nadie... de esto.
(Acto seguido se sienta, ordena sus papeles y prosigue explicando)
-He descubierto que los papiros que pertenecieran a Alejandro Magno están enterrados en unas ruinas babilónicas que se encuentran a pocos quilómetros de distancia. Parece que su último deseo fue que nadie los encontrara. Parecería que encerraban algún oscuro secreto que él sólo conocía y le obsesionaba, ya que se sabe de varias expediciones a Egipto que jamás volvieron. Luego, con la división del Imperio Alejandrino, los rastros se perdieron durante mucho tiempo. Ahora, fruto de mis investigaciones, estos misterios han vuelto a la luz.
INDY
-Me recuerda a mi padre. Él también trabajó durante años en un proyecto, y al final pude ayudarlo a cumplirlo. No se preocupe (le pone la mano en el hombro y ella sonríe levemente) no la defraudaré.