CAPÍTULO 6
(Se muestra el mapa con la línea roja que se dirige desde Babilonia hasta El Cairo.
Indy y la doctora Smith están en un palacio donde viven los británicos. Indy camina a través de los pasillos del palacio y entra en una oficina donde lo espera Herman MacDonald)
HERMAN MACDONALD
-Dr. Jones, me informaron que deseaba hablar conmigo. ¿Son cómodas sus habitaciones?
INDY
-Muy cómodas, gracias. Ahora, si no le importa, debemos hablar. Con suerte, esta cuestión podrá estar resuelta antes de la celebración de mañana.
(El inglés lo mira intrigado. Le ofrece al arqueólogo un lugar frente a su escritorio y él también se sienta)
INDY
-Sé que no debimos hacerlo, pero, durante el viaje, ojeamos los papiros con la Dra. Smith. Y descubrimos algo asombroso.
(Se hace una pausa. Ambos hombres se observan)
En los papiros se mencionaba una antigua leyenda egipcia, según la cual habría una antigua pirámide de oro en la que habrían sido enterrados algunos de los más ilustres faraones.
(Herman MacDonald lo mira con cara escéptica, como si dudara de su salud mental)
No, no creo que pueda existir la pirámide tal cual se la menciona en los mapas, pero sí creo que sería posible algún recinto funerario bajo las arenas. Según la leyenda, la pirámide podría ser visible a los ojos humanos a través de un artefacto mágico. En la realidad podría tratarse de una llave o mecanismo que podría abrir la entrada de la tumba.
He pensado mucho en esto. La doctora no lo cree, pero yo estoy seguro de que hay algo de verdad detrás de la leyenda. El hallazgo de los papiros podría representar la puerta a otro descubrimiento, más grande e importante aún. Le pido que una investigación.
(El inglés junta las yemas de los dedos y medita la propuesta de Indy. Finalmente levanta la cabeza y lo mira con una sonrisa)
HERMAN MACDONALD
-Su propuesta debería resultarme una locura, pero, no sé por qué, me ha convencido. Contrataré a los expertos y arreglaré las cosas para que usted y la Dra. Smith dirijan la investigación.
(Indiana sonríe radiante y se retira de la habitación)
(Indiana y la Doctora Smith están almorzando en una mesa larguísima, en extremos opuestos)
INDY
-Dígame, Hanna, ¿Te hace feliz la perspectiva de iniciar esta investigación?
HANNAH
-Muy feliz, sabiendo que no estará sólo en manos de aventureros de delirante imaginación.
INDY
-No se preocupe, ni siquiera los habrá.
HANNAH
-Me estaba refiriendo a usted.
INDY
-Ah, entonces es obvio que no me conoce en lo más mínimo.
HANNAH
-Conozco su tipo de hombre.
INDY
-Y usted conoce mucho de hombres, ¿no?
HANNAH
-Es obvio que usted tampoco me conoce a mí.
INDY
-No si usted no me deja conocerla…
(Indy se interrumpe porque alguien abre la puerta y se abalanza sobre él en un enorme abrazo. Indy se deshace del gigante que o estruja para ver quién es. Acto seguido, lo abraza él)
¡Sallah! ¿Cómo estás, amigo?
SALLAH
-¡Perfectamente ahora que te veo, Indy! ¿Cómo está tu padre?
INDY
-(En voz baja y con expresión de disgusto) Peor…
HERMAN MACDONALD
-¿Él es el experto que nos recomendó, Dr. Jones?
INDY
-Sí, es él.
HERMAN MACDONALD
-Nuestro experto está ahora en Mongolia, pero hará acto de presencia mañana en la celebración.
INDY
-Lo esperaremos.
CAPÍTULO 7
(Indy y Sallah caminando por una calle de El Cairo)
SALLAH
-Indy, no sabes la alegría que es para mí acompañarte en una nueva aventura.
INDY
-La alegría es mía, Sallah. Tener a la doctora Smith me servirá de mucho, pero tiene un carácter…
SALLAH
-…Y pese a eso, te gusta.
(Indy sonríe torcidamente. De pronto un hombre vestido con traje negro les pasa delante. Indy lo reconoce)
INDY
-Es uno de los hombres de MacDonald, debería estar en el palacio, cumpliendo sus funciones.
SALLAH
-Sigámoslo.
(Caminan en silencio, adentrándose en un ruidoso mercado, Muchos vendedores intentan interceptar al hombre, pero él no les hace caso. Muchos mercaderes optan por molestar a los dos arqueólogos entonces. Casi pierden al hombre misterioso, pero por suerte logran sacarse de encima a los vendedores y lo siguen hasta que se detiene en una calle oscura.
El hombre mira hacia atrás, verificando que no lo sigue nadie. No ve a los arqueólogos ocultos tras un puesto abandonado.
De una puerta del callejón sale un hombre también con traje, de rasgos italianos y con un pequeño bigotito. Sallah e Indiana observan, mudos.
Los dos hombres intercambian algunas palabras en italiano. Pareciera que el empleado de MacDonald le pidiera que demostrara algo. Finalmente, y con cara de disgusto, el italiano saca un distintivo metálico con forma de águila. ¡Es un espía fascista!.
Hablan por poco más de cinco minutos. Indiana no escucha y sala un poco de su escondite para escuchar. De pronto, el italiano se da vuelta como para irse y descubre a Indiana. Desenfunda su pistola y dispara, tan cerca que le vuela el sombrero a Sallah. El inglés huye por donde vino, y el italiano continúa disparando. El segundo disparo hace un cráter en la pared contra la cual está apoyado el puesto. Indiana apenas puede sacar su pistola para disparar un par de veces. El siguiente disparo revienta una de la endebles maderitas que sostienen el toldo, y se les cae todo encima.
De una nube de polvo salen nuestros héroes. Indy pone cara de disgusto. Han perdido al espía.
CAPÍTULO 8
(Mientras Herman MacDonald se está arreglando la corbata para la fiesta, Indiana toca a su puerta)
HERMAN MADONALD
-¡Pase!
INDY
-Señor, tengo que contarle algo…
(Le explica lo ocurrido. Heman MacDonald le pregunta sobre el hombre que él cree que trabaja en el palacio)
HERMAN MACDONALD
-No puede ser, ese hombre es Charles Smart, mi mano derecha. Es un hombre de confianza, no lo echaré por una sospecha suya. Además, la situación fue muy violenta, usted podría haberse confundido en medio del tiroteo. Según me dijo, usted lo siguió, por lo tanto sólo le vio la espalda…
INDY
-Señor, yo no le contaría esto a no ser que fuera muy importante…
HERMAN MACDONALD
-Dr. Jones, debe usted saber que pese a que confío en usted, se trata de un importante funcionario en esta colonia y no puedo hacer estas cosas a dedo, se deben tener pruebas más concretas. De lo contrario, la situación podría ser muy embarazosa. Es mi última palabra.
(Se va. Llueve afuera del palacio. Indiana está muy contrariado. Ve a MacDonald hablando con su “mano derecha”. Indiana los mira con rabia y frustración. Están en un grave peligro y la única persona que puede hacer algo no le cree. Se le une Sallah)
SALLAH
-Indy, ¿Qué ocurre?
INDY
-No me creen, Sallah. Yo sé lo que vi, y tu también!
SALLAH
-Realmente no, Indy. Lo siento. Yo había llegado hacía horas, no conocía al hombre, y no lo ví bien. Te creo, pero no te niegues a la idea de que puedes equivocarte.
INDY
-No se trata de eso, ¡es la verdad!
(Están al pie de la escalera. La gente alrededor de ellos parece asombrarse y deslumbrarse por algo situado en la parte de arriba de ésta. Indy y Sallah levantan la vista para ver de qué se trata y ven, asombrados, a la doctora Ana Smith, con el pelo arreglado, un vestido negro con la espalda al descubierto y zapatos de tacón. Ella baja elegantemente la escalera, haciendo como que no ha visto a Indiana. Saluda a Sallah)
SALLAH
-Está hermosa, doctora (le besa la mano delicadamente). ¿Qué opinas, Indy? (La doctora no puede ocultar su interés por la respuesta del arqueólogo)
INDY
-(Con malicia en la voz) Estoy un poco sorprendido de no verla con algo de color marrón…
(La doctora, furiosa, hace un movimiento como para pegarle un puñetazo, pero Indy toma su mano rápidamente, la abre para entrelazarla con la suya, le pone la mano en la cintura y empiezan a bailar el vals, mientras la mujer forcejea insistentemente para soltarse. Una pareja mayor los observa, alarmada. Indiana se da cuenta)
INDY
-(A la pareja) Sepan disculparnos, es que ella es… muy pasional.
(Esto es el colmo para Hannah Smith, y finalmente Indy, previendo la tormenta, la deja ir. Sonriendo ante la persistencia de la doctora en odiarlo, va hacia los baños. Ahí encuentra al funcionario inglés que viera en las calles del Cairo, y se esconde para verlo. Está hablando en italiano con el mismo hombre, pero Indy no puede captar lo que dicen. Está muy lejos. El italiano se retira y el inglés se dirige a los baños. Indiana entra precipitadamente en el baño y se esconde en un cubículo. El inglés entra y mira en redondo, verificando que no haya nadie, Indiana ira por encima de la puerta del cubículo cuando el traidor inglés se da vuelta y empieza a contar billetes. Entre ellos hay un pasaje a Italia.
Luego de un rato, el traidor se va. Indy silenciosamente sale. Pero se pega un susto de muerte cuando se encuentra cara a cara con el inglés. Éste lo mira fijamente. El arqueólogo sube a escalera que conduce al salón de baile, mientras el inglés no le quita la vista de encima.
Indiana quiere hablar con Sallah, pero lo intercepta Herman MacDonald, acompañado por la doctora Smith, que lo mira como a la peor monstruosidad del mundo)
HERMAN MACDONALD
-Finalmente, nuestro experto llegó, Dr. Jones. Aquí está.
(Aparece de entre un círculo de personas Raymond Andrews. La cara de Indy pierde el color. MacDonald está radiante.
Bienvenido, señor Andrews. ¿Cómo está el Tíbet, señor?
RAYMOND ANDREWS
-Frío. ¿Cómo está, MacDonald? (le estrecha la mano). ¿Y quién es esta hermosa señorita? (le besa la mano a Hannah).
HANNAH SMITH
-Doctora Hannah Smith, para servirlo.
RAYMOND ANDREWS
-Perdone, señorita, pero yo estoy para servirla a usted.
HERMAN MACDONALD
-Y creo que no conoce usted al Dr. Indiana Jones, ¿o me equivoco?
(El instante más tenso de la noche para Indiana. Se miran, estudiando lo que dirá cada uno. Es una auténtica lucha de poder)
RAYMOND ANDREWS
-No, no se equivoca, señor MacDonald. No conozco al doctor Jones. Un placer.
(Le tiende la mano. Ambos hombres se estrechan la mano tan fuerte que parece que en cualquier momento se escuchará el crujir de los dedos)
INDY
-(Con la peor cara del mundo) El placer… es mío.
HERMAN MACDONALD
-Sé que harán un gran equipo, junto con Sallah, al que no he podido encontrar. Debe estar socializando, es muy bueno en eso. Los dejo, voy a buscarlo. Seguro tienen mucho de que hablar.
CAPÍTULO 9
(La biblioteca de la embajada británica. Están Ana Smith, bastante arrimada a Raymond Andrews, que disimula su aburrimiento, Indiana y Sallah, un poco más alejados. La doctora busca entre los libros claves en los escritos egipcios, mientras Indy se queja de sus métodos)
INDY
-¡Deberíamos estar buscando el artefacto afuera, no en la biblioteca! ¡La logia era secreta! ¡Nadie hubiera escrito sobre ella! ¿Me escucha, doctora?
(La doctora lo ignora. Raymond Andrews le susurra algo al oído y ella sonríe. Indiana pone cara de enojo, se cruza de brazos y se hace el dormido poniéndose el sombrero sobre los ojos, pero en realidad está observando atentamente los movimientos de Andrews.
Pasan las horas. Indy se queda dormido. Lo despierta Sallah, con un sacudón.)
HANNAH SMITH
-¿Usted construyó su carrera quedándose dormido, Dr. Jones? Hay gente que tiene más de lo que merece.
(Es obvio que la doctora ha descubierto algo importante. Todos se ponen alrededor suyo para observar un viejo libro.)
-Sí. Aquí está. Bueno, Dr. Jones (lo mira con superioridad), parece que su método confianzudo y poco ortodoxo tiene resultado.
(Ella se inclina sobre el libro de vuelta)
Usted no leyó todo lo que estaba escrito en los papiros. Una parte pertenecían al diario del propio Alejandro Magno, y contenían anotaciones acerca de una búsqueda que había mandado a realizar a sus generales en el 323 a.C. en Egipto.
INDY
-La búsqueda de la Pirámide de Oro.
HANNAH SMITH
-Así es. Parece que sus generales habían encontrado el artefacto. No hay descripciones, pero no parece que fuera muy grande, porque la llevaron a la biblioteca del Museión, en Alejandría.
INDY
-(Con mucho enojo) ¿Algo que no me ha dicho, doctora?
HANNAH SMITH
-Ya le dije, Dr. Jones: usted no me conoce en realidad.
INDY
-¡Estamos juntos en esto!
HANNAH SMITH
-Parece que al fin se ha dado cuenta. Yo le diré lo que crea que debo decirle. (Se miran con ira durante unos segundos. Raymond Andrews lo mira con una sonrisa maliciosa, y Sallah se seca el sudor con la manga.)
SALLAH
-Señorita Smith, si esa información estaba en los papiros, ¿por qué estamos aquí? Además, hay otro pequeño problema: el Museión se incendió en la época de César.
HANNAH SMITH
-Esperaba que alguien lo preguntara (esboza una sonrisa de felicidad, porque ahora es su turno de explicar). Necesitaba corroborar la información. Y lo he hecho. El año de su muerte, Alejandro envió a sus generales al Museión. Ahora se sabe porqué.
INDY
-Claro, todo concuerda.
(Todos lo miran intrigados)
Después de eso, todos los generales murieron, ¿no, doctora? Y esta vez dígalo todo.
HANNAH SMITH
-(Con los labios apretadísimos) Sí. No se explica cómo. Murieron de una enfermedad extraña en el plazo de dos semanas. No se sabe cuál todavía.
INDY
-Nadie lo sabe, igual que la de Alejandro. Ese mismo año.
HANNAH SMITH
-Dr. Jones, no empiece…
INDY
-… y El Museión se incendió, no se sabe porqué. No hay pruebas de que César lo haya hecho.
HANNAH SMITH
-(Explota) ¿Y qué sostiene usted? ¿Qué fue la maldición de la Pirámide?
INDY
-Sólo digo… Que es raro.
CAPÍTULO 10
HANNAH SMITH
-Dónde podría haberse escondido este objeto sigue siendo un misterio
INDY
-Sí, pero no por mucho tiempo (pone una fotografía en blanco y negro sobre la mesa). Los templos de Abu Simbul estaban abandonados desde hacía siglos. Nadie se pondría a buscar un artefacto tal en ese lugar. Por lo tanto, sería entendible que los sacerdotes egipcios hubieran reubicado el artefacto en un lugar así,además de que tenía una significación religiosa muy importante, ya que estaba dedicado a Ra, Ptah y Amón, dioses principales de la mitología egipcia.
(Indiana sonríe a la doctora, que lo mira con mezcla de enojo y admiración. Poco a poco, el blanco y negro se va convirtiendo en color, y se funde con la imagen de la excavación arqueológica. Están Indy, Sallah, Andrews y Hannah Smith caminando entre obreros y polvo mientras Indy explica).
INDY
-En 1817, Giovanni Belzoni, un explorador italiano, ingresó a los templos y se llevó todos los objetos de valor que pudo encontrar, pero dudo mucho que se haya llevado lo que buscamos.
(Hannah Smith se para en seco)
HANNAH SMITH
-¿Entonces quizá estemos aquí inútilmente?
INDY
-(Con una sonrisa enigmática) Quizá.
(Aparece un obrero hablando en árabe y le comunica a Raymond Andrews algo al oído, y se aleja corriendo. Todos miran a Andrews con intriga)
RAYMOND ANDREWS
-Parece que encontraron algo. El capataz quiere que vayamos.
(Cuando llegan a donde está el capataz, hay obreros moviéndose inquietos hablando árabe entrecortadamente)
CAPATAZ
-Uno de los obreros descubrió que el piso es hueco en cierto lugar del templo, de un ancho de 1, 50 de largo por 2 de ancho. Por lo tanto, sería un buen lugar para esconder un objeto con las características que ustedes me han dado. (Los mira con gravedad)
INDY
-Pero tendremos que ir solos, ¿no?
CAPATAZ
-Exacto. Los obreros están demasiado asustados. Creen que la maldición de Ra caerá sobre ellos, en forma de escorpiones.
INDY
-Y seguramente tengan razón. Vamos.
(Agarra una pica y rompe el piso en el lugar indicado. Se hunde el piso y se desploman las piedras. Los obreros huyen con espanto, mientras el capataz los insulta en árabe. Indy pone un pie dentro y mira a sus compañeros).
¿Vienen o no?
(Acto seguido, se los ve caer en un recinto oscuro, con un sonido inquietante a base de chasquidos. Indiana prende un encendedor con un trébol y se muerde los labios, mientras Hannah Smith profiere un grito espantoso atrás suyo. La cámara está llena de escorpiones, muy pequeños).
INDY
-No se separen, por favor. Síganme y no se detengan.
(Hannah Smith corre hasta Indy y se abraza a él con terror. Mientras avanza, el arqueólogo la arrastra. Sallah empieza a patear a los escorpiones, que chasquean las pinzas).
RAYMOND ANDREWS
-Jones, ¿seguro que sabes lo que haces?
INDY
-Andrews, si estamos aquí es gracias a mí, no gracias a ti ni a la doctora Smith (la doctora suelta un brazo para pegarle un puñetazo en las costillas).
Los obreros temían a la maldición de los escorpiones, y ¿Qué ocurrió? ¡Estamos rodeados de ellos! Así que haznos un favor a todos: cállate.
(Mientras dice esto, Indiana está mirando a Andrews. No se da cuenta de Que un escorpión está caminando por su brazo, a punto de picarlo. Hannah se sacude violentamente de asco, lo cual provoca que Indiana se caiga al piso junto con ella, y que s escorpiones se arremolinen en torno a ellos, mientras la doctora no para de gritar. Indy comienza a echarse hacia atrás ayudándose con los pies a la vez que patea a los escorpiones, hasta tocar un escalón con la espalda. Cuando lo hace, ayuda a Hannah a subir los escalones. Cuando pasan el segundo escalón, los escorpiones se alejan violentamente, como rechazados por alguna fuerza invisible.
Indy, termina de subir la escalera junto con la doctora y entra a otro recinto. Andrews y Sallah se apuran a seguirlos.)
INDY
-Lo encontramos.
(Es un recinto pequeño. En el centro hay un objeto alargado, parecido a una barra de hierro, pero de oro. Indiana se acerca al artefacto, mirando alrededor en busca de trampas. Como no hay ningún indicio, toma el objeto en sus manos y lo examina. La punta de la barra de oro tiene inscriptos unos jeroglíficos en relieve. De pronto, se escucha un sonido metálico e Indiana se tira al piso. No ocurre nada y el grupo lo contempla con extrañeza.)
INDY
-Perdón, es que pensaba que… podía llegar a haber una trampa…
(Del techo sale una sola lanza, con un cadáver ensartado y lleno de bichos, que se clava justo al lado de Indiana)
INDY
-(Con una sonrisa) Mejor prevenir que lamentar, ¿no?